lunes 6 de julio de 2009

En La

De querer descargos, de arrastrar los huesos, de gemir
al fondo de un abismo
de gritar y llorar y llamar al cielo más remoto.
Camino, s
ucede que camino por este Santiago herido que me agrada más de lo que recordaba, y aún no acabo de entender. Sucede que me dejo llevar por sus calles repintadas con sus cafecitos neofashion y su gente entera cool, y esta vez no me pareció todo un montón de pelotudeces. Sucede que tal vez sí, lo veo como un nuevo ficticio, y me veo en él.

Extraño a La mar, La mar entiende, se baña de estas cosas
tiene en su cara pegada el abandono
tiene en su cara pegada el volverán.

Huele a retorno.

domingo 14 de junio de 2009

El origen

El origen de las especies no es más que el resultado de un insulso evento sin ningún episodio romántico de por medio. Dicho punto, o día para ser más específico, día claro con escasas nubes y una agradable temperatura que semejaba a la primavera pero que no lo era porque cursaba mitad de otoño, dicho día un escalofrío seco y ciego tumbó de raíces el vértigo y de aquello las flores se durmieron un tanto más y no quisieron despertar. Luego, o antes, por casualidad, motivo o consecuencia vaya uno a saber, el atardecer avisó desde temprano que no se aparecería como siempre, por tanto prados verdes todos quedaron expuestos a la nada constante bajo toda luz, y el día se fue sucediendo, y la noche dejó de ser noche, los puntos de vista son tan inconmensurables partiendo por este relato mismo. Así, el sol indolente continuó acechando en aquel cortejo, el agua no pudo resistir el tranco, la sequía se hizo mucho más que urgente, y el hambre llovió. Fue entonces que alguien dijo basta, si no viene a mí, iré hasta ella aunque sea a la rastra. Y de a poco y en un dos por tres las ganas se convirtieron en puedo, y del puedo al hecho se convirtió en mío.

De ahí la historia más que sabida, y las razones más que inventadas. La única verdad es la que se ha escrito por terceros, de esos que no se conforman con el sustento que les toca y más bien todo lo pretenden, y ha como dé lugar, nos restriegan en la cara la historia ya sabida, aunque haya que arrastrarse.

domingo 7 de junio de 2009

Cornisa

Miro en secreto desde el borde de mi cornisa a trastienda y contengo la respiración con mi mirada fija en la pelota amarilla de allá abajo que da saltos insolentes sobre el cementoso y micro minúsculo estadio de pasaje barrio mientras un niño cae de bruces al ser burlado por un rebote mientras otro pequeño pasa de largo con su chute fallido, y con otro rebote más se descarrilan las diminutas manos del sorprendido arquero congelando los gritos eufóricos de otros dos cada uno en cada bando, deteniéndose todo el mundo presente y los autos a lo lejos y los pájaros el aire el ruido del viento a la vez con el futuro las nubes y el sol, sólo la pelota amarilla existiendo, la bola dorada diosa delineando el trayecto de su camino anhelante con su estirpe de escualo voraz directo al arco bote tras bote nervio tras nervio, y dulcemente con sus sincopados saltos de pájaro vaivén la pelota rebotó irreconciliablemente en el canto del arco hecho de un ladrillo partido perdiéndose fatalmente en el diminuto jardín enrejado de la vieja infame de la esquina que jamás en la vida ha devuelto un balón por más disculpas y ruegos que se hayan versado. Y los niños se fueron tristes dejando al ladrillo partido con la cabeza gacha como único testigo y como único culpable, y a la pelota bandida, que mira desde aquel jardín, no sé porqué diablos, henchida de gloria.

Vuelvo a mi escritorio viejo y a mi computador a media máquina para tratar de escribir algo en secreto, donde de tanto en tanto, miro desde el borde de mi cornisa a trastienda y me siento en mi añeja silla a esperar a que se me enfríe el café, y así creer que tengo algo pendiente.

lunes 18 de mayo de 2009

Patria grande, hoy en el cielo

Y a la tierra, hoy, le han nacido labios,
y nosotros guardamos silencio.

Hasta siempre Mario.


…lo más probable es que siga escribiendo
cuentos no neutrales
y poemas y ensayos y canciones y novelas
no neutrales
pero advierto que será así
aunque no traten de torturas y cárceles
u otros tópicos que al parecer
resultan insoportables a los neutros

será así aunque traten de mariposas y nubes
y duendes y pescaditos.

M. B.

domingo 3 de mayo de 2009

Primero de mayo nuevamente

Se armó la gresca y salimos apretando. Yo me lastimé fuertemente el pulgar al caerme, no podía moverlo, a otros les fue peor, nada del otro mundo, un par de palos, un par de mechoneos, un par de detenidos. Había un viejito con un carrito con leches y yogures en una esquina. Ese quedó todo mojado y su mercadería buena para nada.

Yo llegué con pena a mi casa y con mi mano ardiendo. Me tiré a la cama. Recordé la certera crítica de Fresán sobre el desconocido Satori en París, del bello Kerouac, que recién acaba de salir editado en España, “Un viajero cansado de viajar, a un costado de la ruta, haciendo auto-stop junto a los restos de su accidentada leyenda, esperando en vano a que alguien, por favor, lo recoja y lo lleve de regreso a casa”.

Mi mano ya arde menos, apago la luz. Un Si me faltaran las piernas me daría rabia, si me faltara la mano izquierda para tocar guitarra lloraría, se me cruzó por la cabeza.

lunes 6 de abril de 2009

En un café

Al frente hay una señora sola con ropa de oficina que toma incesantemente su té; sabe que la he visto y que de reojo trato de leerla sin insistir en aquello, y ella reniega en su taza y saca una especie de libreta donde pretende mirar fechas y números como si su gesto fuera creíble. Más allá hay un tipo ejecutivo de negro que lee su periódico, se ve que a nadie espera, se ve que el que nadie lo espere tampoco le importa. En la esquina cercana a mí hay una pareja de mi edad sentados en lados opuestos de su pequeña mesa, tal vez un poco mayores, un poco más frágiles, él usa lentes y viste una bufanda, la tiene tomada de la mano; ella usa lentes, se ve muy recatada de pelo apresado con pinches y trabas, y su mano es la expresión única de cariño que evidenciará en público. A mi lado hay una mujer amarga con un niño pequeño, la mujer no se despega de su celular mientras no deja de dar órdenes casi cuchicheos a gritos al niño que no hace más que estarse quieto, tranquilo, callado del todo, casi enterrado en su tazón de leche que ni se atreve a tomar; miro al niño con pena, con total empatía y apego, me siento él mismo, me pienso en el pobre futuro que le espera, enfrentado a un mundo que no perdona a quién no desea conquistarlo. Se me acerca la joven mesera para preguntarme si deseo algo más, y yo pensaba ya irme pero me arrepiento, la mesera tiene una sonrisa tan dulce que me hace pedirle otro café, ella me vuelve a sonreír. De pronto el hombre de la pareja se pone de pie, le da un beso en la frente a su recatada de lentes, y le pregunta a la mesera por el baño. La señora sola se marcha con su libreta y su nerviosismo y me mira de reojo. El ejecutivo de negro pide otro café y saca una agenda electrónica con la que empieza a teclear. La mujer amarga no deja de hablar por teléfono con su apestoso tono de voz; el niño enterrado en su tazón se pierde mirando por la ventana como tantas veces lo hiciera yo. Y entonces veo a la mujer recatada de lentes que empieza a balbucear algo en solitario mientras su pareja está en el baño, Te amo, dice en secreto y endereza su espalda, pone sus palmas abiertas sobre la mesa y tomando aire repite con suavidad, Te amo, dice otra vez concentradamente, se cerciora de su pelo apresado, de sus pinches y trabas, acomoda sus lentes y por tercera vez repite, Te amo, entonces llega su pareja y ella mira hacia afuera toda roja intentando actuar como si nada hubiera pasado. Yo me quedo ahí esperando de reojo y más invisible que nunca esperando a que todo pase, y el ejecutivo de negro de pronto se pone de pie y se marcha, y la mujer amarga al cabo de otro momento se va también arrastrando el niño que me mira con soledad y dulzura como despidiéndose de mi niñez, y la recatada finalmente nada dice, y hablan de la estupidez del tránsito y de una tal prima Emilia que a él evidentemente no le gusta, y él saca un programa de algo para ir a ver y ella niega y resume sus propios deseos en ver a la tal prima Emilia igual no más, y nada más le confiesa, y finalmente se van. Se repite la historia, uno no dijo nada, luego no queda más que divagar en un solitario café.

Me marcho, la dulce mesera se me acerca y me sonríe nuevamente y yo le devuelvo la sonrisa. Me marcho, quiero contemplar un rato la hojarasca del Parque Forestal.

lunes 30 de marzo de 2009

Resiliencia

Hoy hizo calor y un viento fresco asoleado. Hoy estaba todo tranquilo después del boche nocturno. Hoy miré por mi ventana de piso 20, y la ciudad parecía dormir una siesta después de su pequeño triunfo.

Recordé aquella tarde de población en que las sábanas flameaban a cloro bajo un celeste completo haciendo patria.

No hay fábula cuando de crudeza se habla. Resiliencia. El resto es comercio.